[0:43] Mi nombre es Lucio Sepliarsky. Desde mi niñez escuché de mi abuelo sus relatos sobre su vida en Polonia, una historia de lucha y supervivencia.
[0:54] Pero sobre todo lo que aprendí de él es que en la vida no hay que tener miedo. Es por eso que emprendo este viaje, un recorrido que me llevará a reencontrarme con la historia de mi abuelo, con mi propia historia.
[1:07] Ya pasó cincuenta años, que ya pasó todo y tengo todo fresco como si hubiera pasado ahora.
[1:28] Tengo el orgullo para decir que yo soy un luchador contra el nazismo.
[1:35] Sobreviviente un capítulo, luchador contra el nazismo, otro capítulo.
[1:50] No puedo morir sin que esto el mundo lo sepa, porque hay una persona que pudo pasar estas cosas y me tocó a mí... Entonces, esto hay que anunciar, esto hay que aclarar, esto hay que mirar, porque adentro, mi sangre todavía está hirviendo.
[2:10] La Fuerza de la Vida
[2:16] Me llamo Gregorio. Nací en Polonia. En Grodno. En Polonia me llamaron en yiddish, Hirsz.
[2:24] Mi mamá se llamaba Jaie. Mi papá se llamaba Berg. Mi hermana mediana se llamaba Belke y mi hermana mayor se llamaba Inde. Cuando mi abuelo nació, la ciudad de Grodno era parte de Polonia.
[2:42] Actualmente Grodno pertenece a Bielorrusia y se encuentra localizada al oeste del país.
[2:50] En Grodno la vida, antes de la guerra, era normal, no había grandes cosas, había muchas fábricas, había un río que se llamaba Niemen. Íbamos a bañarnos y a pescar.
[3:09] Ya desde pequeño la vida no fue fácil para mi abuelo. Su padre Berg falleció cuando él tenía 3 años de edad y su madre Jaie tuvo que hacerse cargo del negocio familiar, una panadería.
[3:20] Mi mamá trabajaba en una panadería propia y en la panadería se hacía mucho pan, muchas facturas y aparte ella vendía arenque marinado, fiambre, queso, huevos y la verdad se trabajaba muy bien.
[3:38] A pesar de la pérdida que sufrió mi abuelo, continuó con su vida normal, apoyado por el cuidado y amor que provenía de su madre.
[3:49] Cuando yo era chico patinaba con patines al hielo porque se usaba mucho patinar sobre hielo. Fue con bicicleta. Yo hice un compromiso con mi mamá y ella me pidió que cualquier cosa que yo quiera hacer que haga, no andar en río, no. Entonces yo cumplí con las cosas que el contacto que yo hice con ella y que tranquila y yo no voy a ir en el río.
[4:21] Además la madre de mi abuelo siempre lo incentivó a estudiar. Estudié la primaria en una escuela hebrea. Yavne se llamaba. Me enseñaron Talmud y todas las cosas que hay que estudiar.
[4:37] Después terminé allí la escuela. Entré en un colegio industrial. El colegio se llamaba, por ejemplo, por el nombre del Ingeniero Goyansky. Y allí había, por ejemplo, para elegir qué estudiar: yo estudié mecánica, soldadura y tornería.
[5:13] Uno de los capítulos más oscuros de la historia de Europa se acercaba y los conocimientos que mi abuelo adquirió en el colegio industrial y en el ejército le serían de vital ayuda en este nuevo contexto.
[5:30] Nosotros nos enteramos que ya antes en Varsovia la gente empezaron a salir, se llamaba Pretnike Spleitim, en Hebreo, y esta gente empezó a ir para la frontera con Rusia, dejaron las casas y salieron solos, porque ya sabían que acá iba a haber problemas con los judíos.
[5:52] Previamente al comienzo de la guerra, el 23 de agosto de 1939, los nazis y los soviéticos firmaron un pacto de amistad. Dicho tratado se llamó Pacto Ribbentrop-Mólotov, en el cual, entre otras cosas, acordaron una invasión a Polonia y dividir este país a la mitad.
[6:24] El primero de septiembre de 1939, la invasión de los nazis a territorio polaco marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes se dirigieron directamente a Varsovia y en pocos días la ciudad cayó en sus manos.
[7:43] Estoy en Varsovia. Llegar a esta ciudad de la cual había escuchado tanto me produce un sentimiento de alegría por un lado y de tristeza por el otro.
[7:55] Actualmente, Varsovia es una ciudad totalmente diferente a lo que fue antes de 1939. Al terminar la guerra, el 90% de la ciudad había quedado destruida.
[8:12] Durante la posguerra, los comunistas se encargaron de reconstruirla. Después de la caída del régimen, la ciudad fue cambiando de aspecto y modernizándose.
[8:35] Mientras camino por la ciudad vieja, nuevamente viene a mi mente esta contradicción de sentimientos. Por un lado, me da alegría estar en una ciudad tan bella y floreciente, en donde su población hoy asciende a más de 2 millones de habitantes.
[8:57] Por otro lado, una gran tristeza me inunda al saber que de los 350.000 judíos que vivían en la ciudad antes de la guerra, solo queda su recuerdo.
[9:20] Pero para Grodno la historia sería un tanto distinta al comienzo de la guerra. La ciudad había quedado del lado ruso. De esta manera, el 17 de septiembre de 1939, mi abuelo no vio a los nazis entrar a su ciudad, sino al ejército soviético.
[9:40] Entraron los rusos y empezaron a comprar muchas cosas. Por ejemplo, en una semana compraron relojes, compraron zapatos. Y la gente empezaron a aprender a hablar ruso porque pensaron que los rusos se iban a quedar mucho tiempo. Pero no fue así.
[10:01] Casi dos años más tarde el comienzo de la guerra, en la primavera de 1941, Hitler rompe el pacto germano ruso lanzando la campaña militar más grande de la historia, a la cual denominó Operación Barbarroja. El fin era una invasión total al territorio soviético y la aniquilación de sus habitantes, comenzando con los de origen judío.
[10:21] El sábado, por ejemplo, como cada sábados, cada uno fue a sus lugares para divertirse. Yo fui con mis amigos en un lugar, estuvimos bailando, pasando bien y pasó más o menos un tiempo cuando queremos ir a casa escuchamos que está bombardeando Grodno. Cada uno empezó a preguntar a uno al otro qué pasaba.
[10:52] Entonces llegó el momento, que entendimos que acá pasó que Alemania entró a Grodno. Para el 23 de junio de 1941, los alemanes ya habían entrado en Grodno e inmediatamente pusieron en funcionamiento su maquinaria de terror.
[11:09] Entonces los alemanes nos hicieron poner en fila derecho, uno adelante, uno atrás y uno más. Derecho, derecho. Y uno salió mirando con un ojo como para tirar que no estaba derecho, no estaba en la línea, estaba poco afuera, le mataron con revólver, le mataron. Como ahora yo me recuerdo, el primero que cayó se llamaba Labonch.
[11:37] La serie de crímenes perpetrada por los nazis hacia los judíos recién comenzaba en Grodno. En los primeros días de la ocupación arrestaron a 100 judíos de distintas profesiones y los asesinaron. El resto de los 50.000 judíos de la región de Grodno perdieron todo derecho como seres humanos. Les fueron impuestas duras leyes y quienes no las acataban eran golpeados brutalmente.
[12:03] Había ya una orden que cada un judío necesita hacer una estrella de David de un color amarillo, colocar acá de adelante y atrás y esto usaban los judíos. Yo, por ejemplo, para contar este color amarillo en esta época, esto entonces más o menos junté de una cámara de coches que viene de la goma, había un color más o menos. Corté esto y me lo coloqué acá.
[12:27] El 28 de junio de 1941, los nazis ordenaron crear el Judenrat en Grodno. El Judenrat o consejo de judíos está obligado a suministrar a los nazis todo lo que ellos necesitaran. Los nazis formaron el Judenrat, y había también la policía judía con palos en la mano, con banda blanca acá que tenía contacto con las alemanas.
[12:59] El 15 de septiembre de 1941, los nazis promulgaron una ley en todo el distrito de Grodno, reclutando fuerzas de trabajo forzado. Lo primero que hicieron ellos hicieron un afiche, que decía que judíos, hombres y mujeres necesitan presentarse en lugar a donde está el sinagoga, gran sinagoga en Grodno. Y allí vinieron los alemanes, eligieron 20 obreros, 20 judías, 20 chicas para hacer un trabajo de esclavo.
[13:32] A mí en este momento me trabajar para alemanes en un taller mecánico y el trabajo que yo hice estuvieron contentos y entonces respectaron a mí poco más que a otro.
[13:40] Mi hermana fue a trabajar en la casa de «Hans» (Heinz Errelis), un alemán que estaba en Gestapo y ella estaba con los chicos de este alemán con la familia y mi hermana atendía los chicos.
[14:05] El paso de soldados de tierras lejanas a Grodno despertó la curiosidad de mi abuelo. Había esto ayudando esto los alemanes, los españoles. Había muchos lugares ocupados por ellos. Ellos no se metieron en nada. Estuvieron esperando que le van a avisar que hay que hacer. Entonces ellos cantaron, bailaron y siempre en español y no las cosas así no se metieron.
[14:39] Lo que mi abuelo vio fueron soldados de la Legión Española o División Azul quienes participaron en los combates contra la Unión Soviética. Ellos fueron testigos de la devastación que reinaba en la ciudad de Grodno. En contraste con los nazis, los españoles mostraron compasión por los judíos durante su estadía en la ciudad.
[15:46] El primero de noviembre de 1941, los nazis establecen dos guetos en la ciudad de Grodno. El gueto uno fue situado alrededor de la sinagoga principal. Entre los 15.000 judíos que fueron encerrados allí se encontraba mi abuelo y su familia.
[16:10] Después pasó que salió esto la orden para hacer un gueto. Entonces se dividió la ciudad con edificios. Por ejemplo, una calle, la calle Zamkowa, por ejemplo, este la mitad de este lado había el gueto y después otra calle, por ejemplo, Dominikanski. Entonces de este lado no había nada de la mano izquierda, el gueto.
[16:38] Aquí estaba dividido con las casas, los guetos y allí había lugares que pusieron poco alambre de púas para control de ellos que había siempre patrullas alemanas.
[16:54] Este arco marca la entrada del gueto de Grodno. Y en esta placa se recuerda su existencia. La creación de guetos fue un sistema utilizado por los nazis en todas las ciudades ocupadas por ellos.
[17:28] Sigo caminando por la ciudad de Varsovia y llego hasta el lugar donde se desarrolló una de las mayores tragedias del pueblo judío. Este monumento conmemora la puerta del gueto de Varsovia.
[17:44] Aquí, entre enero y marzo de 1941, 443.000 almas fueron encerradas y condenadas al hambre y a la miseria.
[18:05] A partir del 22 de noviembre de 1942 comenzaron las deportaciones hacia los campos de exterminio. Por esta puerta, cientos de miles de hombres, mujeres y niños salieron hacia Treblinka para nunca más volver.
[19:19] Varsovia me sigue envolviendo en su contradicción. Unas calles más adelante se sitúa el monumento en honor a uno de los actos más grandes de heroísmo judío, el levantamiento del gueto de Varsovia.
[19:41] En 1943, los insurgentes judíos, encabezados por un joven de 23 años llamado Mordejai Anielewicz, lucharon con algunos revólveres y bombas caseras contra las poderosas tropas nazis encabezadas por el líder de las SS, el teniente general Jürgen Stroop.
[20:07] A pesar de la lucha desigual, la batalla empezó en favor de los judíos, pero pocos días después los nazis ingresaron al gueto con tanques de asalto y lanzallamas. Los judíos, al no poder resistir el avance alemán, terminaron rindiéndose.
[20:36] Este monumento se encuentra sobre el búnker donde resistieron los últimos rebeldes y recuerda su lucha y heroísmo.
[20:52] «Con sangre y fuego se escribió este cantar / no es canto de ave que libre pueda volar / entre los muros que sin miedo derribó / lo canta un pueblo que con valor su brazo armó.»
[21:23] «Nunca digas que esta senda es la final / Acero y plomo cubre un cielo celestial / nuestra hora tan soñada llegará / Redoblará nuestro cantar, ¡henos acá!»
[21:54] Pero la vida para mi abuelo en el gueto de Grodno tampoco sería fácil. La vida dura porque faltaba agua, faltaba luz y estaba incómodo. Toda la gente tenía una casa chica necesita, necesitaban ponerse en un dormitorio veinte, quince personas porque no había donde dormir, había muy poco lugar que dieron ellos.
[22:19] Para comer entraba contrabando, cuando fallecía alguien, entonces había que enterrarlo. Entonces venía el carro para llevar. Entonces allí traía pan, carne de caballo.
[22:37] Para eso entonces la vida de mi abuelo daría un pequeño giro. Los alemanes, a mí especialmente no me hicieron nada, había un ambiente como un obrero más y yo trabajé, me dijeron que cuando ellos se vayan, me iban a llevar a mí también. En este lugar con ellos como porque estaban contentos conmigo.
[23:01] Y una noche había una cosa de apuro, dejaron todas las cosas y se fueron y yo me quedé en gueto. Los alemanes para los que él trabajaba se fueron al frente soviético.
[23:19] Entonces mi abuelo le pidió a Bela, su hermana que le pregunte a «Hans» (Heinz Errelis), el alemán para el que ella trabajaba, si lo podía reubicar. Y así hablando con ella, ella habló con alemán y me recomendó para trabajar en un lugar de la calle Dominikanski que entra en gueto y yo empecé a trabajar en este lugar porque yo tenía conocimiento recomendado por este Alemán.
[23:51] Allí conocí muchos polacos, muchachos que trabajaron conmigo. Hasta tengo, por ejemplo, una foto directamente de un muchacho que dice polacos para recomendar a mi maestro. Dice así con la fecha y Grodno. Entonces tenía más confianza ya en él como en otros. K. Apel.
[24:16] Este joven polaco haría una profunda amistad con mi abuelo y sería en un futuro próximo trascendental para que mi abuelo salve su vida. Por otro lado, los nazis seguían incrementando su odio y violencia contra los judíos.
[24:36] Yo en este momento me sentía como cada uno nervioso que vio con mis ojos, por ejemplo, que el hermano de esta Alemán donde trabajé estaba en la Gestapo. El edificio de la Gestapo estaba cerca y cuando vino el taller llevó una pinza y apretó los dedos de muchachos que lloraron y cortaron el dedo. Esto hizo Gestapo. Gracias a Dios a mí no no hizo eso. No, yo vi las cosas que pasaron.
[25:14] Una de las cosas que me sorprende y demuestra el valor que tenía la vida para los judíos es que, a pesar de la forma criminal a la que estaban siendo sometidos, nunca bajaron los brazos. Y uno de los pilares para lograrlo fue el fuerte arraigo a la tradición.
[25:28] Un ejemplo fue el de Bela, la hermana de mi abuelo, y Leo su prometido, quienes decidieron contraer matrimonio estando dentro del gueto.
[25:41] Pero los nazis ya habían dictado la sentencia de muerte contra los judíos de Grodno. El primero de noviembre de 1942 cierran las puertas de los guetos uno y dos. Ya ningún judío está autorizado a salir de ellos.
[25:58] Además, esta resolución fue acompañada por ahorcamientos públicos.
[26:04] La chica Prensky, ella vivía en Grodno en la calle Dominikanski y algo pasó con «Wiesse» (Kurt Wiese), el jefe de la Gestapo del gueto. Y él ordenó: dijo que mañana a las 10 de la mañana cada uno se junta a donde está el colegio.
[26:28] Allí se juntaron muchos judíos se juntaron y allí había un balcón no terminado de un edificio de una panadería que se llamaba Tankus y la colgaron con una soga a ella. Y «Wiesse» entonces le dijo algo a ella. Entonces ella lo escupió en la cara y cuando escupió la cara dejó, tiró la banqueta que tenía y ella se murió.
[26:56] La situación en Grodno se volvía cada día más crítica. Los nazis habían comenzado con las deportaciones de los judíos hacia los campos de exterminio.
[27:04] Los alemanes dividieron el gueto en tres partes, número uno, número dos y número tres. Y empezaron a sacar la gente de noche, la madrugada vinieron los alemanes, vinieron policías judías y ellos ayudaron para transportar a los judíos para llevar a la estación. Entonces uno se cerró. Entonces llegaron más cerca nuestro, en dos.
[27:37] «Hans» (Heinz Errelis), el alemán para el que Bela trabajaba, al ver que ella sería deportada con el resto de los judíos, le ofreció esconderla. Entonces el alemán, un día le dice a mi hermana que esta noche no vas a dormir en gueto.
[27:53] Entonces ella ya tenía contacto en donde dormir esas tres noches. No en la casa de un alemán, en lo de un polaco que tenía una casa en un lugar con poca gente que vivieron y allí vivía el polaco. Entonces ella tres días no fue a dormir a casa. Después empezó a extrañar y dijo: «Yo no quiero morir sola» y pasó con ella.
[28:22] Bela decidió volver al gueto con su familia, pero los tres días que estuvo escondida lo hizo en la casa de Vasek, un polaco que vivía en las afueras de Grodno.
[28:36] Pero las deportaciones continuaban y ahora fue el turno para mi abuelo y su familia. Vamos a la 1 de la mañana para trabajar y no nos dejan salir a nosotros, a nadie y nos llevaron a nosotros a una sinagoga, la más grande que hay, muy grande. Y allí encontré a mi hermana y a mi cuñado que también los habían llevado a ellos.
[28:57] Entonces empezamos a hablar, gritamos, hablamos y yo le dije a ellos había estantes con libros sagrados grandes que estaban en la sinagoga. Entonces yo saqué todos los libros y me puse adentro del estante y le dije a mi hermana que me tape los libros de vuelta hacia mí que yo me voy a quedar hasta se termine de sacar a todos de la sinagoga y después voy a salir. Estuve más o menos media hora y no podía aguantar más. Tiré los libros y salí.
[29:24] Y allí en el lapso este, hablé con mi hermana, con mi cuñado, que cuando vamos a salir vamos a empezar a correr, buscar un lugar para no ir a la estación.
[29:39] Los nazis habían comenzado a sacar a los judíos de la sinagoga y los estaban llevando a la estación cuyos trenes se dirigían Auschwitz. Pero mi abuelo, a pesar que el plan de esconderse entre los estantes no había funcionado, sabía que tenía una chance más, escapar de la fila o morir intentándolo.
[30:04] Yo cuando salgo de la sinagoga estaba el alemán, este encargado se llamaba «Wiesse» (Kurt Wiese). Entonces yo me acerqué con un papel que yo tenía que yo trabajo para alemanes en un taller mecánico. Me dio un golpe y no sé cómo no me mató y empecé a caminar de vuelta. Camino, camino, yo cuando veo la oportunidad, le digo mi hermana: «¡ahora salimos!, ¡saltamos!», le digo, yo salí y ellos no.
[30:33] Y yo corriendo encontré unas casas, entré a una casa vacía que estaba. Entré allí, me puse abajo de la cama dos días y después cuando me levanté yo encontré también un uno más abajo de otra cama. Y yo en este momento esperé que se hiciera de noche y fui a ver mi mamá, para encontrar a mi mamá.
[30:57] Mi mamá estaba en el gueto, en un pozo. que se llamaba en ruso «usrom». Yo le preparé velas, había agua y pan. Entonces ella se quedó allí.
[31:08] Mi abuelo había decidido dejar a su madre escondida dentro del gueto. Entonces decidió volver a ingresar para reencontrarse con ella. Para lograrlo debería poner en peligro su vida nuevamente. Para ir a buscar a dónde vivía yo necesitaba pasar un portón alto, un pared y allí había todavía la policía judía. Entonces yo le di varios golpes, me acuerdo y entré en el gueto y fui a ver mi mamá. Encontré a mi mamá allí.
[31:47] El área número dos del gueto, en donde mi abuelo y su familia vivían había sido vaciada completamente. Mi abuelo y su madre se dirigieron entonces hacia la tercera y última sección del gueto. Allí vivían unos primos de apellido Brawerman.
[32:02] Mi abuelo se dirigió hacia ellos para advertirles la verdadera intención de las deportaciones. Después allí fuimos con familiares nuestros. Ellos estaban en las casas de ellos. El domicilio, en donde ellos vivían, era un edificio con tres pisos.
[32:24] Entonces los alemanes a la mañana lo vinieron a buscar. Entonces yo a mamá la puse arriba de un techo que podía ponerse y yo también me oculté en otro lugar en el mismo edificio pero más para acá y ellos bajaron abajo y yo escuché las voces de ellos.
[32:53] «Hirszl du bis a fahman». «Fahman» es especialista. Eso quiere decir que yo vaya con ellos, me pidieron, como yo siempre los ayudé a ellos para comer, siempre les di algo de comida. Entonces me dijeron que los voy a ayudar y que vaya con ellos. Y ellos se fueron llorando y yo me quedé ahí.
[33:12] Mientras sus primos eran llevados con el engaño de que iban a ser transportados para trabajar, mi abuelo y su madre permanecieron escondidos en el techo, en silencio, sabiendo que nunca más los volverían a ver.
[33:35] El 92% de los judíos de la ciudad de Grodno en sus alrededores fueron deportados a los campos de concentración de Auschwitz y Treblinka. Pero antes de su destino final eran llevados a un campo de tránsito llamado Kielbasin. Los judíos debían hacer 8 km a pie desde el gueto hacia allí.
[33:58] Inde, la hermana mayor de mi abuelo, fue llevada con el resto de los judíos. Además de soportar el frío y el castigo físico del camino, los nazis lo sometieron a la degradación moral.
[34:12] Cuando se llevaron a los judíos a Kielbasin, en este grupo de gente estaba la última banda del gueto y allí fue el hermano de Prensky, fue con ellos también. «Wiesse» (Kurt Wiese), el jefe de Gestapo del gueto, ordenó al violinista cantar «Yidl mitn Fidl, Arye mitn Bas», y todo el camino desde allá hasta Kielbasin él cantaba esta canción al frente de la columna. El violinista de la banda fue, según las fuentes históricas, Skibelski — un judío respetado de Grodno.
[38:27] Auschwitz Birkenau, los trágicamente famosos campos de la muerte, fueron el último destino para más de un millón de almas asesinadas en la Cámara de Gas. Además, este lugar fue donde la gran mayoría de los judíos de Grodno encontraron la muerte y en donde mi abuelo también hubiese sido asesinado si no hubiese escapado.
[39:10] Hoy soy yo el que está aquí, pero no como una víctima, sino por una decisión personal. Sin embargo, este lugar me produce escalofríos.
[39:28] Hay una tensa calma en el ambiente. Es como si el tiempo no hubiese pasado. Está todo intacto, como un set de filmación sin los actores después de haber rodado una escena.
[39:48] Pero esto no fue una película y todo lo que pude haber visto en fotos y documentales no se asemeja a la realidad.
[40:07] Los hombres, mujeres y niños asesinados aquí no son un número de víctimas y nada más. Eran seres humanos como vos y como yo. Hoy Auschwitz Birkenau es un museo y un recuerdo vivo de la muerte provocada por el fanatismo étnico, la intolerancia y el racismo.
[40:58] Pero aunque los nazis se encargaron de hacer desaparecer toda la comunidad judía Grodno, hubo algunos pocos que no les tuvieron miedo y no creyeron en sus mentiras. Ellos lograron salvar su vida de la misma forma que mi abuelo y su madre escondiéndose.
[41:18] Entonces, mi mamá y yo fuimos para donde no hay nadie y allí encontramos otra familia, una persona, y se juntaban como seis, siete personas y fuimos para salir el gueto. Había un edificio alto, con un techo así, y acá un agujero así redondo para que entre aire y luz.
[41:45] Entonces yo con este muchacho que había, hicimos como una escalera con cables de la luz y la madera como torneada. Hicimos una escalera y subimos arriba allí y arriba mamá no podía subir esto, en una bolsa de papas la pusimos ella adentro y llevando hacia arriba se fue para arriba mi madre.
[42:09] El edificio al que mi abuelo, su mamá y las otras personas se dirigieron poseía una pared que lindaba con el exterior del gueto. En esa pared había un agujero de ventilación que fue la vía de escape que utilizaron para salir.
[42:24] Durante la noche, mi abuelo se escondió dentro del taller donde solía trabajar y esperó a la llegada de K. Apel en la mañana. El lapso a esto fui a donde yo trabajé, que conocía el lugar y allí yo estuve esperando para poder comunicarme con el polaco a la mañana cuando él viene a trabajar.
[42:45] Y cuando él viene a trabajar, yo le conté respecto a esto que yo tengo, mi hermana y mi cuñado fueron conmigo juntos en la fila y yo salí, ellos no. Y ahora no sé qué pasó. Puede ser que me puede hacer un favor, si puede ir acá, acá en este lugar doblar a la izquierda y allí hay una casita. Que puede ser que pueda preguntar por mi hermana y por mi cuñado.
[43:08] Mi abuelo tenía la esperanza que Bela y Leo se hubieran escapado de la fila escondiéndose en la casa de Vasek. Aquel polaco que le brindó refugio a Bela durante tres días por petición de «Hans» (Heinz Errelis), el alemán para el que ella trabajaba.
[43:24] K. Apel inspirado por la profunda amistad que lo unía a mi abuelo, aceptó ayudarlo. Este hecho fue fundamental, ya que si K. Apel no encontraba un lugar donde esconder a mi abuelo y su madre, tarde o temprano serían descubiertos por los nazis.
[43:38] Y él me hizo el favor y fue y preguntó, dijeron que tu hermano vive y está acá. Él pide permiso si puede llegar acá junto con ustedes. Y ellos dijeron que sí.
[43:54] K. Apel había encontrado la casa con la grata sorpresa de descubrir que mi abuelo tenía razón. Bela y Leo habían escapado de la fila y se encontraban escondidos en la casa de Vasek, quien también aceptó recibir a mi abuelo y a su madre.
[44:17] Entonces, al reencontrarse, mi abuelo y K. Apel planearon la forma de llegar hasta allí. Entonces viene de vuelta y quedamos, que más o menos en horario que se puede salir porque ha habido horario para ir a la calle, que salimos con él y él nos va a mostrar a nosotros a donde queda.
[44:38] Apel fue adelante, nosotros caminamos los tres aparte. Los dos y uno. Y Apel me dijo: «Por favor, si alguien te va a parar, no hables con nadie». Y así caminando, caminando, llegamos donde vivía el polaco Vasek, que allí estaba mi hermana y mi cuñado.
[44:53] K. Apel había guiado exitosamente a mi abuelo y a su madre hasta la casa de Vasek. Esta sería la última oportunidad que se verían en sus vidas. Pero mi abuelo aún siente un profundo agradecimiento hacia este joven que valerosamente puso en riesgo su vida para salvar la suya y la de su madre.
[45:18] La familia de mi abuelo había sobrevivido y se encontraban juntos nuevamente. Cuando llegamos allí, nos dejaron entrar a nosotros e hicimos ya una familia: yo, mi mamá, mi hermana, y mi cuñado. No hay palabras, no se puede contar, ¿me entendés? Uno estaba mudo para hablar esto y aparte no había tiempo para hablar porque uno necesitaba trabajar.
[45:43] Vasek había preparado un pozo debajo de su casa para esconder a Bela y Leo, a quienes se sumaron mi abuelo y su madre. De esta manera podían evitar que los nazis los descubrieran.
[45:58] Cuando yo vine ya estaba hecho para ellos, había un pozo y estuvieron allí adentro todos abajo el piso. El lugar había, vamos a decir 3 m por 3 m. Había abajo, a la altura de una persona, que puede estar parado y nada más. ¿La luz? de luz no se habló nunca, una vela.
[46:16] El polaco Vasek tenía dos nenas, entonces las nenas chiquititas sabían ya que cuando en casa no hay nadie, podían golpear con la pierna la chapa y podemos salir.
[46:36] Vasek había montado un negocio bastante próspero en donde mi abuelo y Leo eran utilizados como mano de obra esclava. Allí en la casa nosotros hicimos arreglos de ollas, cacerolas, hojalatería, trabajamos como esclavos. Todo el día, no había horario para arreglar las cosas que hay que arreglar y de noche fabricamos vodka.
[46:58] Pero la ironía de este hecho fue descubrir quiénes eran los clientes del polaco. Y Vasek, él estaba bastante activo. Él tenía chanchos que mataba y la vodka. De noche entraban alemanes. Entonces los alemanes que estuvieron allí, venían de noche para comer y estuvieron adentro. Nosotros abajo escuchando como caminan. Ellos tomaron, comieron algo y después se fueron.
[47:30] Los soldados alemanes disfrutaban comiendo y bebiendo, sin sospechar que mi abuelo y toda su familia se encontraban debajo del piso de donde ellos estaban, en silencio para no ser descubiertos.
[47:43] Si bien mi abuelo y su familia se encontraban en la casa de Vasek aparentemente seguros, nuevos problemas llegaron a la familia. Bela debió tomar una decisión difícil. Mi hermana se quedó embarazada. Y hubo un momento que necesitó hacerse un aborto.
[47:59] Ella, por ejemplo, ella hablaba polaco muy bien. Tenía «vista» de polaca rubia. Entonces ella fue en un hospital sola, sin nadie. Le hicieron el aborto. Dentro de tres cuatros días vino de vuelta. Esto fue un golpe muy duro para la familia, pero nadie se imaginó que la tragedia tocaría su puerta nuevamente poco tiempo más adelante.
[48:33] Con mamá pasó, que es hubo un momento que ella salió afuera, al patio y allí pasaron algunas mujeres, y empezaron gritar «yiduvka» judía, judía. Y en ese momento le llevaron del brazo y se fueron con ella. Nosotros hablamos: «¿qué podemos hacer?, no podemos ayudar en nada». Entonces yo no sé qué pasó con ella. No la vi más.
[48:53] Después de toda la lucha que mi abuelo hizo por salvar a su madre, finalmente habían logrado arrebatársela sin que él pudiese hacer nada. En ese momento tuvo un gran sentimiento de impotencia.
[49:09] Muy dura la vida. La vida no era así nomás, uno no sabía qué hacer, qué hace bien, qué hace mal, si conviene vivir, si no conviene vivir. Vivías siempre con problemas. Lo mejor es que uno podía salir de esto. Entonces, tranquilidad. Dormiste en sótano, pero dormiste en el mismo lugar, sin luz, con luz, con agua. Agua tenía para tomar de un balde, tomabas como un gato.
[49:42] Para marzo de 1943, los nazis habían deportado a todos los judíos de Grodno. La ciudad había quedado sin el 50% de la población total. Los nazis, para poder controlar mejor a la población polaca restante, les otorgaron nuevas viviendas en la zona central de la ciudad, en la cual la mayoría de las mismas habían pertenecido a los judíos.
[50:06] Vasek vivía fuera de la ciudad y había una casita sola, una casita y nadie más vivía. Solamente él vivía allá. Entonces los alemanes para asegurarse, para cosas así, dijeron que acá nadie puede vivir particulares nadie, hay que irse de allí.
[50:22] Y empezamos a buscar casas. Y Vasek empezó con mi hermana, fueron al gueto, miraron había muchas casas vacías entonces dijeron «esta casa va a ser para nosotros» porque no hacía falta pedir permiso. Vos entrabas y ya está. Con los muebles, con todas las cosas.
[50:39] Entonces cuando vino el carro para llevar las cosas, a mi cuñado lo pusieron en un ropero y él estaba atado con las manos para no volcarse y a mí me pusieron como en una cosa de 3 metros de largo, me pusieron adentro, así me agacharon, cerraron. A mí me llevaron en una cosa así.
[51:02] Entonces la gente que llevaron esto dijeron como te digo ahora: «¡Que pesadas que son estas cosas!, ¿hay ropa?, ¿qué hay allí tan pesado para levantar el placard?». En un placard estaba mi cuñado y en otro estaba yo.
[51:14] Y cuando ya estábamos en la casa nueva, hicimos las mismas cosas. Hicimos un pozo para entrar adentro para dormir y pasaron, no mucho, cuatro, cinco meses y llegaron los rusos.
[51:33] El 31 de enero de 1943, los soviéticos derrotaron a los nazis en Stalingrado. A partir de allí, en el Frente Oriental, la guerra cambió a favor de los rusos. Los nazis debieron retroceder ante el imponente avance de los tanques soviéticos.
[51:54] El 6 de junio de 1944, los aliados abrieron el frente occidental mediante la gran invasión, a la cual se la conoció como el día D. Era cuestión de tiempo para que el régimen Nazi cayera.
[52:11] Un mes después, el 14 de julio de 1944, los soviéticos entran en la ciudad de Grodno y expulsan a los nazis definitivamente. Cuando llegaron los rusos, uno se dio cuenta, por ejemplo, la primera cosa se escucharon radio buena, radio mala, algún tono llegó que están acá, ¿me entendés?
[52:31] Y aparte esto se notaba en la calle la tranquilidad que los rusos no mataron a nadie. Entonces la gente empezaron a salir de sus lugares y empezaron buscar para comer porque no había qué comer.
[52:45] Entraron un ruso adentro de la casa, lo llamaron a él, hablamos con él, él dijo: «Tengo paciencia, va a llegar más gente, vas a estar con más tranquilidad» y él nada más que podía hacer, dejó algo para comer.
[52:57] Entonces empezamos a pensar, nosotros ya somos sobrevivientes. Ahora hay que agradecer a quién, a los rusos que hicieron nosotros, la libertad que nos dieron a nosotros. Pues con ellos ya tenía libertad, yo podía salir a la calle, no tenían miedo para nadie.
[53:18] Entonces hablamos y quedamos que nosotros vamos a ir luchar contra el nazismo. Y entramos. Vino un «Pukovic», un «Mayor», grande, judío, y hablamos con él. Él dijo: «No hay problema, yo voy a mandar, voy a venir, voy a buscar a usted que entre en el ejército para luchar».
[53:40] Imagínate se perdió tanto en la guerra. Hay veces que uno se fija para uno solo, hay veces que uno se fija en global, que no es solo mi madre, había muchas madres... entonces o hermanos o cuñados, entonces uno que dice: «Mire, estamos jóvenes, estamos en condiciones, no hay que pensar en comer, hay que pensar luchar».
[54:00] La decisión de mi abuelo de alistarse voluntariamente en el ejército soviético lo llevaría a eventos y lugares que jamás se hubiera imaginado poco tiempo atrás.
[54:14] Mi hermana enseguida entró como enfermera y yo entré allí. La primera cosa que me dieron a cuidar la cocina. Después cuidamos un molino y allí este molino estaba dando luz. El lugar a donde estuvimos se llamaba Łosośna.
[54:32] Después yo me ofrecí para hacer los pasacalles, de más o menos 4 metros de largo con pintura rojo, la letra grande: «Dasdroviet camaradas... que somos todos iguales, que luchamos».
[54:50] Y llegó el momento en que hay que avanzar. Y allí ya vinieron órdenes de arriba y me dicen, mire... mañana sale este tren de carga, este va a Alemania. Acá vos tenés a tu disposición, el vagón cargado, hay un coche, un coche viejo, que en este coche vos podés dormir, tener la comida, y tener todas las órdenes que te mandamos nosotros, que te van a retirar allá por el camino.
[55:15] Al recibir la orden de dirigirse hacia Berlín, mi abuelo había logrado torcer la historia. Él, un judío hasta hace poco perseguido por los nazis, ahora como soldado soviético participaría en la avanzada que derrotaría a sus anteriores opresores definitivamente.
[55:55] Por eso yo decidí hacer el mismo camino que hizo mi abuelo 60 años atrás.
[56:25] Me estoy dirigiendo hacia el noroeste de Polonia, a la ciudad de Szczecin, en la frontera entre este país y Alemania.
[56:40] Para el 16 de abril de 1945, los nazis, que venían replegándose se prepararon para defender sus propias fronteras. A pesar de que Alemania ya tenía la guerra perdida, Hitler y sus acólitos esperaban poder negociar por separado con los aliados occidentales.
[57:01] Mientras tanto, debían contener a los rusos en sus fronteras orientales. Es por ello que, no muy lejos de Szczecin, los nazis se posicionaron en las costas del río Oder, donde se libró una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial.
[58:06] Miles de alemanes muertos, quemados, quemados, esqueletos. Eso, esto nos dio mucho ánimo y aparte de esto nos dieron a cada uno una medalla por cruzar el Río Oder.
[58:24] Por haber participado en la avanzada del ejército soviético que cruzó el río Oder, mi abuelo fue condecorado al igual que sus compañeros.
[59:01] Finalmente llega Szczecin. Fue la primera ciudad alemana tomada por los rusos. Mi abuelo también estuvo aquí junto al ejército soviético 60 años atrás.
[59:27] Szczecin es una ciudad portuaria y por su salida al Mar Báltico posee gran importancia estratégica. Sus antiguos y majestuosos edificios recuerdan la época en que Szczecin fuera capital de Pomerania dentro del territorio alemán.
[1:00:02] Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Szczecin pasó a formar parte de Polonia. Caminando por sus calles, trato de seguir las huellas dejadas por mi abuelo, quien por esa época había sido asignado a una de las áreas más importantes en el ejército, el sector de suministros.
[1:00:25] Entramos a una fábrica grande. Había una chimenea, alta, redonda con ladrillos rojos y allí costó para subir, y poner la bandera roja. Y allí se preparó, por ejemplo, el lugar a donde se podía poner las cisternas con nafta, se tapa con árboles arriba.
[1:00:48] Yo estuve con este grupo. Entonces me tocó estar de noche de guardia, yo otro más, el jefe de guardia, porque había un jefe de guardia que él se ocupaba para traer la comida para la guardia, para traer armas, balas. Entonces estuvimos cuidando esto que estaba en aire libre, no una cosa cerrada, entonces estaba todo tapado con árboles.
[1:01:10] En este momento escucho que caminan y viene como una patrulla de cuatro o cinco gente. Y yo desde lejos, de noche, di la orden de alto, que se paren. Entonces ellos no se pararon. Entonces yo tiré varios tiros con automático. Y ellos se pararon. Cuando ellos se pararon, entonces ellos dijeron el número que hay que decir.
[1:01:47] Entonces yo vi que estas son cosas, que son de control. Y vinieron cuatro o cinco personas, el general o esto... muy altos y me felicitaron y fui con ellos al jefe de guardia. Y entramos allí. Me dice... él dice a ellos, el general: «Mirá, dice, acá tengo en este bolsillo nafta, en este tengo comida, saqué y nadie me dijo nada, el único que me dijo es este soldado que me paró».
[1:02:18] Entonces primera cosa que hizo, al que estaba de jefe de la guardia que fue una semana preso y me aumentaron el grado, y yo estuve ahora, en lugar de él estuve yo. Y yo viajé con otro futuro, ¿me entendés? Ya me miraron a mí de otra forma.
[1:02:40] Por esta acción, mi abuelo fue ascendido de rango. Los rusos estaban en las puertas de Berlín y a mi abuelo le asignaron una misión tanto peligrosa como emocionante.
[1:02:54] Los rusos estaban divididos en divisiones, no son todos iguales. Entonces ellos lucharon entre ellos porque cada uno quería tener más coches. Entonces ellos me mandaron a mí y a tres soldados vestidos de civil con las cámaras, con todas las cosas. Para disimular que somos nosotros periodistas, queremos dar noticias al diario y fuimos a Berlín.
[1:03:18] La misión de mi abuelo era ir a Berlín como espía, buscar fábricas de automóviles y encontrar las piezas de motores que los nazis les quitaban a los autos en su retirada.
[1:03:25] Había mucho trabajo para llegar a Berlín porque, por ejemplo, los puentes entre esto así, todos bombardeados, rotos abajo de la autopista, no podías pasar, no podías ir por el camino normal. Y llegamos a Berlín.
[1:03:48] Mi camino se une nuevamente al de mi abuelo en dirección a Berlín. Estoy en Berlín. ¿Qué podría decir de esta ciudad o qué no podría decir de ella? Berlín es cautivante.
[1:04:26] En su historia, reyes, emperadores, intentos de república, tiranos y regímenes de distintas facciones pasaron por aquí. Sus edificios son los testigos inmutables de victorias, derrotas, desfiles, crímenes, destrucciones y reconstrucciones.
[1:04:56] Para fines de abril de 1945, los soviéticos ya en la ciudad combatían contra la última resistencia alemana formada por ancianos y niños.
[1:05:30] Actualmente los niños berlineses juegan a la guerra, pero sin armas y sin violencia. Los adultos disfrutan de la ciudad que deslumbran por su orden y su progreso.
[1:05:50] Aunque las cicatrices de la guerra aún están presentes para recordarnos el horror que se vivió 60 años atrás y no volver a repetirlo. Mientras tanto, yo sigo caminando por la estela dejada por mi abuelo.
[1:06:16] Mientras los combates se sucedían, mi abuelo ya en Berlín tuvo su primer contacto con alemanes civiles. Y llegamos a Berlín, por ejemplo, y empezamos a mirar, a los alemanes preguntamos. Entonces entramos en un restaurant. Y contamos que nosotros somos rusos, periodistas, no vinimos acá para luchar, sino para dar noticias.
[1:06:40] Ellos ya sentían «que se quema la sopa», que algo pasa. Entonces él dijo, me acuerdo como ahora: «Vino buena carne, hace mucho tiempo no se come acá, pero ustedes van a comer hoy, para ustedes va a estar». Entonces ellos prepararon la comida y nos quedamos allí, trajo tres chicas y nos quedamos con ellas.
[1:07:10] Y en la mañana empezamos a mirar la ciudad un poquito. Y entonces las mujeres, nos llevaron a nosotros en una sinagoga, la más grande de Berlín que la habían quemado. Entonces fuimos allí, el encargado del sinagoga me dio un «sefatere» chiquitito, que se reza con esto.
[1:07:25] Yo vi en Grodno que arruinaron las sinagogas. Esto es una cosa que uno siente algo, que no puede hacer nada.
[1:08:06] Estoy en el antiguo barrio judío de Berlín. Esta sinagoga fue la única que pudo seguir en pie después del pogromo de 1938 llamado «Kristallnacht». Después de finalizada la guerra, la sinagoga fue reconstruida y es un recuerdo del paso de la comunidad judía aquí en Berlín.
[1:08:47] Pero mi abuelo y sus camaradas debían cumplir con su tarea. Para realizarla recibieron una información inesperada. Y después fuimos a un lugar en donde encontramos chicas rusas que ellos trabajaron como esclavas para los alemanes.
[1:09:02] Entonces ellas nos empezaron a contar: «Mira, acá a treinta kilómetros de Berlín hay un lugar verde, que allí los alemanes los domingos y las fiestas van a descansar allí, tienen casas y van allí. Ahora ellos, los alemanes, hicieron una cosa, pusieron un coche nuevo, lo taparon con cosas, con cosas arriba del coche, e hicieron la entrada, una puertita para una persona, no para un coche».
[1:09:33] Entonces ellos nos engañaron, pero ellas nos hicieron abrir los ojos. Ellos engañaron porque los coches estaban adentro, porque uno qué puede pensar que en una puertita así chica... Esto entonces entramos, buscamos las cosas y al final fuimos a Berlín.
[1:09:46] Mi abuelo había cumplido con su misión al mismo tiempo que los rusos tomaban el centro de Berlín y colocaban la bandera soviética en lo más alto del Reichstag. La Alemania nazi estaba acabada. La guerra había terminado.
[1:10:36] Y cuando fuimos allí vimos que había fiesta acá... Se cambió luces y muchas luces, mujeres con banderas de seda rojas, con botas del mejor cuero, al lado del Reichstag, que se estaba quemando y cada uno firmó en la pared. Yo también firmé.
[1:10:55] Después poco más para acá, estaba el Brandenburger Tor también estaba la gente firmando y la gente gritando en la calle, cantando, chillando. Nosotros estábamos adentro con ellos.
[1:11:17] Estoy en el Reichstag. Una inmensa alegría me inunda al poder estar en este lugar como mi abuelo lo hizo 60 años atrás. Este histórico edificio fue el lugar elegido por los soviéticos para celebrar su victoria sobre los nazis.
[1:11:58] A solo 100 metros del Reichstag se encuentra la puerta de Brandenburgo y hacia allí me estoy dirigiendo. Hoy soy yo el que celebra estar bajo esta imponente obra arquitectónica aquí en Berlín.
[1:12:24] El haber llegado a las puertas de Brandenburgo significa algo muy importante para mi vida y para mi abuelo. Significó que su lucha no había sido en vano.
[1:12:34] Yo luché y llegué. Yo, podría estar muerto. Es increíble las cosas que he visto... para ellos un perro vivía mejor que un judío. Y yo, por ejemplo, mis ojos, mi pensamiento y yo podía ver que Alemania está roto. Y eso para mí era el mejor remedio que había.
[1:13:13] El 8 de mayo de 1945 marcó la capitulación de Alemania ante las fuerzas aliadas. Días antes, el 30 de abril, Hitler se había quitado la vida. Los ideólogos de la muerte tomaron su propio veneno antes de afrontar sus culpas.
[1:13:29] Por otro lado, los judíos, que fueron víctimas de los nazis siempre apostaron a favor de la vida, incluso en los momentos más difíciles.
[1:13:53] Me encuentro en el monumento a la memoria de los 6 millones de judíos asesinados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Este memorial se sitúa donde se encontraba entablado el edificio de cancillería de Hitler y consta de 2711 losas que se asemejan a lápidas. Las víctimas del Holocausto serán siempre recordadas aquí en Berlín.
[1:14:49] Pero la historia de mi abuelo no termina aquí. La vida le daría una revancha más.
[1:14:57] Estoy sentado, estaba adentro, me acuerdo comiendo esto, y me vinieron a avisar que vieron una cabeza de un alemán en un sótano en la calle y con gente bien equipada y fuimos a ver este episodio.
[1:15:12] Cuando llegamos allí vimos, que allí hay un sótano así con ladrillos un poco así tapado, pero no vimos a nadie. Entonces ya di una orden yo, antes de hacer nada, que uno o dos soldados con automático tiren quince tiros, no a matar, así arriba... para que tengan miedo, porque acá hay «alguien que toca», hay armas acá que se pueden usar.
[1:15:37] Entonces yo le grité que en veinte minutos que tiren las armas con las manos arriba. Y pasaron más o menos veinte minutos y salieron ellos del sótano. Y cuando ellos salieron, me encontré de sorpresa, un general, con todas las medallas, con el gorro, con revólver, un ayudante.
[1:15:59] Me dio tanta cosa. ¡Mira a quién agarro yo! Que poco tiempo atrás, meses atrás, tenía miedo de ellos, para decirles una palabra, mira yo agarro a esta gente. Entonces de bronca que me dio, les dije: «Que yo soy judío, que yo soy (palabras en alemán o yiddish) los que quedaron de los judíos de la guerra, del gueto. Vayan con las manos arriba y griten: Verfluchtes Schwein».
[1:16:25] «Schwein» es chancho. «Somos Verfluchtes Schwein» y gritando y llegando, hasta a donde llegamos a donde estábamos, a donde estaban los rusos. Porque habían organizado.
[1:16:34] Entonces llegamos allí, llegó un general. Nos sentamos así como ahora. Él (el «general alemán») estaba sentado acá, el oficial allí, yo acá y acá el general nuestro. Entonces el general nuestro sacó un paquete de cigarrillos y entrega a él y al oficial los cigarrillos.
[1:17:05] Entonces el general alemán sacó los fósforos y dijo: «Yo lo voy a invitar a usted para fumar». Y él invitó al general nuestro con el fósforo para prender cigarrillo. Entonces el general nuestro preguntó: «Dígame, ¿por qué no sacaste todas las medallas que vos tenés, con el gorro que vos tenés, con medallas, con el arma?».
[1:17:28] Entonces el general alemán dijo: «Usted en mi lugar, si usted se encontrara en mi lugar donde estoy yo, ¿usted se sacaría todas las medallas?». Entonces el general nuestro dijo: «¡No!» y me dijo a mí: «¡Oficial, degrade todas las cosas!».
[1:17:42] Me levanté, le saqué las medallas, las tiré al piso... el gorro al piso, miré y grité: «Verfluchtes Schwein! Für meine Familie!». Estaba loco yo. Pero yo podía... yo... es verídico que yo podía sacar las medallas y todo y tirar al piso... ya para mí alcanzó todo esto.
[1:18:09] Como yo estuve responsable, los rusos querían que yo entre en el partido. Ir a Moscú y estudiar como militar. Entonces yo le dije a ellos... que yo todavía no sé a dónde estoy, a dónde voy a estar, yo estoy solo, entonces estiramos un poquito más.
[1:18:28] Y pasó una dos semanas y me llegó una carta de primo, que ya sabía que yo estaba acá, que cualquier cosa si quiero que vaya a Łódź.
[1:18:37] Entonces... una ley salió, que por ejemplo, que cada un ruso, militar, que estaba en el ejército y nació hasta el año 1915, estaba libre, libre de todo, y se lo va a mandar a casa con los trenes a todos los lugares. Los trenes estaban llenos de gente, porque había muchos.
[1:18:57] Y yo nací en el año 1917. Entonces en el lapso de una hora yo, nací en el 15. Yo arreglé allí, dijo, porque no había papeles tan justos, se había anotado así no más. Entonces yo dije: «Yo soy del 15». Está bien... mire, ya al otro día estuve libre. Entonces yo me fui de allí sin correr, sin hacer macanas, fui libre.
[1:19:24] Me llevaron, me llevaron hasta la estación y como yo estuve por ejemplo, oficial, me dieron muchas cosas, entonces me dieron una bicicleta, dos o tres radios, un banjol. Entonces yo saqué los pasajes con el tren.
[1:19:40] Entonces yo todas las cosas en Szczecin, mandé por tren a equipaje, y yo como un rey viajé en un vagón con asiento, con todas las cosas bien y solamente yo tenía la banjol conmigo y tenía una carpeta militar que yo usaba.
[1:19:58] Bajé en Łódź, había mucho control, porque la Gendarmería estaba cuidando, a mí me saludaron, preguntaron, me preguntaron cómo estaba, me saludaron... y fui a la casa de mi primo.
[1:20:40] Una vez más sigo el camino recorrido por mi abuelo. Łódź es una ciudad que lentamente está despertando de un letargo de casi 60 años. Antes de la guerra, en Łódź vivía la segunda comunidad judía más grande de Polonia, después de Varsovia.
[1:21:27] Pensé que mi aventura en Łódź había terminado, pero sin quererlo encontré estas inscripciones en el piso. Litzmannstadt es el nombre que los nazis le habían puesto a la ciudad durante los años de ocupación.
[1:21:49] Como una búsqueda del tesoro, comienzo a seguir estas inscripciones y así me doy cuenta que este es un recorrido por los límites de lo que fue el gueto de Łódź.
[1:22:14] Luego de caminar más de una hora, llego a este parque. Este monumento recuerda a los niños polacos asesinados por los nazis. Pero algo me llama la atención. No hay nada que recuerde la memoria de los judíos. ¿Acaso los nazis también lograron hacer desaparecer la memoria de la comunidad judía aquí en Łódź?
[1:22:51] Una vez más me sorprendo y de pronto veo nuevas inscripciones, comienzo a seguirlas nuevamente, hasta que un túnel del tiempo, los años de la guerra vienen a mi mente. Y me pregunto, ¿qué habrá detrás de esta pared?
[1:24:04] Todo está aquí intacto. Siento que esta estación me estaba esperando. Por aquí pasaron los judíos de Łódź antes de ser llevados a Auschwitz. En este lugar, cientos de miles vieron por última vez el sol. Hombres, ancianos, madres e hijos. Ellos nunca volvieron.
[1:24:38] Hoy este lugar se levanta como un recordatorio del horror y de la muerte, de estos vagones vacíos en donde todavía laten los corazones de quienes no están más, a los cuales no me animo a subir y cruzar la línea que separó a millones de almas de entre la vida y la muerte.
[1:25:07] Desde este lugar les rindo homenaje a ellos que murieron y también a los que lucharon y sobrevivieron como mi abuelo.
[1:25:25] Los primos de mi abuelo en Łódź le mostraron un nuevo horizonte. Mi primo como la señora de él tenía una hermana acá, escribieron cartas y pidieron de venir a Argentina. Entonces yo, cuando yo vine, me ofrecieron viajar también a Argentina.
[1:25:50] Para fines de 1946, mi abuelo y sus primos atraviesan Europa de este a oeste, desde el puerto de Burdeos, zarpan en barco hacia Sudamérica.
[1:26:05] En Paraguay, mi abuelo cambió su nombre de Hirsz Świ a Gregorio Sweet, ya que el gobierno del general Perón continuó con la política de negar la entrada a las personas de origen judío a la Argentina, como lo venían haciendo sus predecesores.
[1:26:28] No... para entrar a Argentina no era así nomás. En esa época un judío no podía entrar. Pero siempre se busca una salida.
[1:26:36] Pero mi abuelo siguió creyendo que Argentina era un buen lugar para reconstruir su vida. Para marzo de 1947, mi abuelo ya se encontraba en el país. En Buenos Aires, lo estaban esperando otros primos que lo recibieron como un hermano.
[1:26:53] Ese mismo año conoció a mi abuela Lola y contrajeron matrimonio en diciembre de 1948. Luego nacieron sus dos hijos, Bernardo, mi tío, y Ana, mi mamá.
[1:27:14] 15 años después de haber llegado a la Argentina, mi abuelo fue informado que su hermana Bela y su cuñado Leo también habían sobrevivido y estaban viviendo en Estados Unidos. Ella estaba en Rochester, en Nueva York.
[1:27:31] Después de años de incertidumbre finalmente pudo reencontrarse con ellos.
[1:27:38] La prosperidad tocó la puerta de mi abuelo y con ella llegaron sus nietos, quien les habla Lucio y mis hermanos Tomás, Santiago y Guillermo. Además mis primos Melisa y Ariel.
[1:27:57] Mi abuelo al sobrevivir me dio la posibilidad de nacer y al contar su historia pude revivir tal vez un poco lo que él vivió y sintió en aquellos años.
[1:28:12] Es por ello que hoy le rindo tributo a él que luchó, sobrevivió y triunfó, no solo en la guerra, sino en la vida. El ciclo de la vida se cumplió, la fuerza de la vida triunfó.
[1:28:30] Yo, yo por ejemplo, siento, que llegué a algo, estoy satisfecho. Y hay todavía en Argentina un loco que pudo contar todas estas cosas, y luchó y ganó. Sin diferencia de cada uno, color...
[1:28:45] Que en la vida no hay que tener miedo. En la vida cuando uno quiere algo, hay que luchar, no hay que aflojar, y va a salir y hay veces que a uno no le sale, la próxima vez va a salir... y no tener miedo.